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LA BATALLA DE FLORES 1908 – 2008 FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL
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DATOS HISTÓRICOS: Allá por el año 1908, siendo
alcalde de la Villa D. Santiago Basoa, el Secretario Municipal D. Arsenio
Lázbal “El Gentil” tuvo la feliz idea de realizar una gran fiesta que
marcara la culminación del verano en Laredo. La idea fue expuesta en una
comisión de festejos del Ayuntamiento e inmediatamente aceptada.
Las grandes dosis de alegría, gusto, arte y belleza que se dieron en la
primera Batalla de Flores perduran en el sentimiento de las Batallas de
Flores de épocas más recientes y son la semilla de esta gran fiesta de
interés turístico nacional. Hay que agradecer por tanto, a los impulsores de
esta primera Batalla de Flores, entre los cuales, junto a D. Arsenio y D.
Santiago, ya mencionados, es justo destacar a D. Nicasio Escalante
Castillo, D. Nicolás Gereda Velarde, D. Gonzalo Bringas Vega y D. César Alba
Bonifaz. LA FLOR Las flores se convirtieron pronto en el elemento principal de la celebración hasta el punto de generar la denominación de la conmemoración. En los primeros años de existencia, las carrozas aparecían adornadas con crisantemos, rosas, hortensias y magnolia. La población las tomaba "prestadas" de los chalets pertenecientes a los veraneantes acaudalados que disfrutaban habitualmente de la villa y que amablemente ponían sus mimados jardines al servicio de la población, especialmente la famosa colonia madrileña. A estas flores se las acompañaba de la hoja de magnolio. Desde comienzos de la década de los cincuenta del siglo pasado las figuras que lucen las carrozas también son adornadas con pétalos.
La
tipología de las flores ha ido variando o evolucionando a lo largo del
tiempo, así las margaritas se abren paso, dejando atrás a las primigenias
rosas y hortensias. También a mediados del siglo pasado, en un momento de
clara inflexión en el desarrollo de la festividad, se introduce la dalia
morada y el clavel chino de diferentes colores, llegándose incluso a superar
en esta época la cantidad de cuarenta y cinco mil flores en una carroza.
La víspera de la fiesta siempre han tenido un sabor especial, la inquietud,
la alegría anticipada, los nervios de última hora son perfectamente
apreciables en todos y cada uno de los carrocistas. La noche anterior a la
Batalla de Flores es la noche mágica de Laredo. Noche en la que se contempla a
este pueblo envuelto siempre en una tradición tan noble como artística en la
que se demuestra el sentir de nuestras gentes, amantes de la paz y la acogida
fraternal.
ORGULLO DE TODO UN PUEBLO
Son familias enteras de pejinos
las que se implican hasta las cejas en esta celebración sin reparar en horas
de trabajo robadas al ocio y al sueño; sin aguardar que una buena
clasificación compense tanta inversión realizada. Todos en el pueblo han
mamado ese desvelo por ayudar a tal o cual cuadrilla para que logre
poner en pista su sueño en forma de escultura floral. Porque, más allá de que
cada una salga portando el nombre de uno, dos o tres carrocistas, ellos mismos
son los primeros en reconocer que nada de lo que hacen sería posible sin la
colaboración desinteresada de todo el equipo: para cosechar las bulbas a
plantar en la siguiente edición; para hacer la siembra; para sallar y resallar
la tierra; para ayudar en la construcción de elementos que superan varios
metros de altura; para cosechar las flores en la jornada anterior al gran día;
para organizarlas en las lonjas; y para irlas colocando, una a una, logrando
hacer revivir aquellas aparentemente inertes estructuras. La complicidad se
mantiene incluso cuando ya se ha superado la prueba de fuego que supone pasar
toda una noche en vela dando los últimos retoques.
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