Los años dorados
Es en las primeras décadas, hasta el drama de la contienda civil, cuando la Batalla de Flores cristaliza sus rasgos distintivos, deviniendo en un evento laico, lúdico y de connotaciones carnavalescas, incluida cierta insinuación erótica (concretada en los hombres y mujeres que desfilaban sobre las carrozas ataviados con vistosas vestimentas a juego con las alegorías), pero con un trascendental factor artístico que la distinguirá, desde siempre, de otros eventos festivos.
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| Plus Ultra, 1º premio en 1926 |
Secularización y liberalismo introducidos, sin duda, por las familias burguesas atraídas por las bondades del veraneo, pero también por la pujante clase obrera que se conformó alrededor de la industria conservera laredana. De hecho, la Batalla nació desligada de cualquier motivo religioso, fenómeno poco habitual en la Cantabria de aquella época, con fuerte arraigo del catolicismo y, por lo tanto, evidentes connotaciones religiosas en todas sus festividades. Resulta significativo, en ese aspecto, que el palco de la Batalla de Flores no contara con presencia oficial de la Iglesia hasta 1953, cuando por primera vez asistió al desfile el párroco de Laredo (Rafael Pico); pero, así mismo, que tampoco acudiera nunca la familia real -presente todos los veranos en la provincia, pues el Palacio de la Magdalena, en Santander, era la residencia de verano preferente de Alfonso XIII-, sin duda por la "dudosa" naturaleza moral de la fiesta.
El éxito de la Batalla impulsa, por su parte, una rápida evolución, perceptible en la transformación que experimentan las carrozas. Los sencillos carros parcialmente decorados con flores y hojas dejan paso a complejas y artísticas alegorías engalanadas, sustituyendo los sacos o arpilleras que cubrían las plataformas –adornados con flores y hojas- por "cartolas" (bases de las carrozas ornadas con dibujos, formando así un todo integrado con las figuras cubiertas de flores de colores).
Esa línea se verá truncada por el estallido de la Guerra Civil, interrumpiéndose la celebración de la fiesta durante cuatro ediciones, de 1936 a 1939, en lo que constituye el único apagón sufrido por la Batalla de Flores a lo largo de su historia.
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| Patio de los leones de La Alhambra. 1º premio en 1934 |
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