Origen y primeros años de la fiesta
En las últimas décadas del siglo XIX y primeros años del siglo XX, numerosas familias de clase adinerada fijaron en Laredo, gracias a su clima suave y hermosa playa, su lugar de veraneo. Estas familias, junto con las familias locales más importantes, contribuían a que las fiestas y actos sociales que se celebraban en la villa durante en verano contasen con un empaque de elegancia y distinción. Todos ellos, alentados por el entonces secretario del Ayuntamiento, el carismático Arsenio Lazbal González, se lanzaron con entusiasmo a preparar un festejo de despedida estival. Lazbal presentó su proyecto al alcalde de la villa, a los miembros de la Cofradía de Pescadores y a la corporación municipal. Todos se mostraron entusiasmados y deseosos de organizar aquel festejo marítimo. Contaron con la colaboración de toda la colonia de veraneantes, además de los comerciantes locales y profesionales de distintos gremios, que aportaron dinero y regalos a fin de que no faltase nada para el gran acontecimiento.
Veinticinco traineras, pertenecientes al cabildo y prestadas para esta ocasión, fueron engalanadas con flores, serpentinas, caramelos y pasteles colocados de proa a popa a modo de guirnaldas. Aquel domingo por la tarde, a la hora que había sido fijada la Batalla, llenos los muelles de numerosos espectadores, dio comienzo la enconada lucha simulando una auténtica batalla naval. Era 30 de agosto de 1908 y había nacido la Batalla de Flores de Laredo. Los tripulantes de aquellas 25 traineras iban ataviados con sus mejores galas y, en contraposición con las guerras sangrientas, se lanzaron entre lancha y lancha olorosos puñados de flores, bombones, caramelos y confeti.
El primer premio fue otorgado a la trainera denominada La Argentina. Entre los adornos de la embarcación destacaron unas brillantes sardinas de hojalata que pendían de finos alambres entre los mástiles que iban colocados de proa a popa.
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Góndola “La Argentina”, carroza premiada en la primera edición de la Batalla de Flores , que fue celebrada en la mar. |
La primera Batalla de Flores se celebró con tal éxito que todos quedaron animados para volver a celebrar aquel festejo que pronto llegaría a ser conocido en todos los rincones de España.
Estamos en pleno verano de 1909. En el Ayuntamiento habían comenzado nuevamente los preparativos y se debatían distintos proyectos que posibilitaban que la nueva edición fuera más participativa y no sólo se involucraran en el festejo ciertas familias. Fue entonces cuando Nicolás Gereda Velarde expuso la idea de que la fiesta se celebrase fuera de la dársena del muelle, para posibilitar así la implicación de todo el vecindario. Se estimó que el lugar más apropiado para el desfile fuera la calle Menéndez Pelayo. La propuesta fue aceptada por unanimidad y ya contando con una importante asignación monetaria, el esfuerzo y entusiasmo de todos, pudo celebrarse la segunda edición de la Batalla de Flores. La Batalla comenzó a las cinco en punto de la tarde, desfilando numerosas carrozas tan bellamente adornadas que todas podían optar al premio.

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Carroza participante en la primera edición celebrada en tierra. |
Estaba claro que la segunda edición de la Batalla de Flores había resultado un rotundo éxito y mucho más participativa que la anterior. El propósito de Gereda se había cumplido y ya se preveía que el nuevo festejo habría de convertirse en el más sobresaliente del programa veraniego. Así, tres años más tarde, en 1912, el extenso paseo de Menéndez Pelayo era ya insuficiente para acoger a tantísimo gentío, hasta el punto de poder afirmarse que ni en la capital había llegado esta fiesta a la altura que en porte, buen gusto y belleza había alcanzado en Laredo.
*Fuente: “Batalla de Flores de Laredo. 100 años de historia viva”, escrito por Alfonso Oruña Fuentes
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