Se celebró el domingo, en medio de una gran
concurrencia, la tradicional Batalla de Flores.
A los actos asistieron los gobernadores civiles de Santander
y Valladolid.
Grande fue el entusiasmo y
extraordinaria la concurrencia de todos los pueblos de la provincia con que
cerró la encantadora villa de Laredo sus fiestas veraniegas. En el marco
delicioso de este rincón de la Costa Esmeralda, las fiestas del domingo tuvieron
una brillantez poco común, y la alegría del ambiente daba a la villa una
animación y un atractivo como ningún pueblo de la Montaña sabe expresar.
Este festejo ha sido organizado como tradicionalmente viene
ocurriendo, por el ayuntamiento de la villa, y para mayor realce, la Obra
Educación y Descanso de Santander tomó una parte muy activa, que se tradujo
en buena afluencia de santanderinos a la vecina y pintoresca villa de Laredo.
El sábado, a las siete y cuarto, en el Salón Cantabria,
galantemente cedido por su dueño, don Bernardino Bárcena, el Cuadro de Arte
Escénico de E. y D. puso en escena la obra de Muñoz Seca Anacleto se
Divorcia, cosechando un enorme éxito.
A las diez y cuarto, con el teatro completamente lleno, la
coral de E. y D., con la intervención del Ochote de la misma agrupación y el
cuarteto Los Norteños, dio un magnífico concierto, que constituyó un
éxito rotundo.
A las diez de la mañana del domingo se celebró misa solemne
oficiada por el párroco de la villa, don Rafael Pico. El Ochote de E. y D.
interpretó magistralmente una misa de Perosi a tres voces. La iglesia parroquial
se hallaba completamente abarrotada de fieles.
Después de la misa, en el Salón Cantabria se celebro un gran
concierto de gala, a cargo de la agrupación de E y D., en honor a los
productores.
La sección circense de la Obra se trasladó al Campamento
Juan de la Cosa del Frente de Juventudes a dar una función en honor a los
acampados.
Seguidamente, los excursionistas de la Obra E. y D.
celebraron una comida campestre.
A las cuatro de la tarde, en la plaza del Ayuntamiento, la
coral E. y D. dio un concierto popular, mientras la ronda de la Agrupación
recorría las calles de la villa interpretando distintas marchas.
A las cinco en la Avenida de Menéndez Pelayo, tuvo lugar la
Batalla de Flores, presidida por los gobernadores civiles de Santander y
Valladolid; el Gobernador militar, señor Becerril; el alcalde de Laredo, señor
Senderos, y autoridades y jerarquías locales.
La Batalla de Flores fue de una vistosidad sorprendente,
concurriendo numerosas carrozas.
El Jurado por unanimidad, otorgó el primer premio, de 3.500
pesetas, a la carroza titulada "Una Cuadriga Romana", de don Manuel Piedra; el
segundo de 3.000, a "Alegoría", de don Enrique Santisteban; el tercero de 2.500,
a "La Puerta Visagra de Toledo", de don Narciso Fernández; el cuarto de 1.000
pesetas a "Motivo Oriental", de don Ildefonso Vallejo; el quinto de 750 a "Ídolo
Egipcio", de don M. Portillo; el sexto de 500 a "Gramófono", de don Ildefonso
Gutiérrez, y hasta ocho premios de 250 pesetas a otras tantas carrozas y coches.
Todos ellos iban ocupados por bellísimas muchachas, que
recibieron con aplausos la entrega de los premios.
Terminada la Batalla, se celebro en Tennis un animado baile,
y por la noche una suntuosa verbena.
En trenes especiales, organizados por Educación y Descanso,
se trasladaron a Laredo numerosos santanderinos, que regresaron a Santander bien
entrada la noche.
Así mismo, de Bilbao llegaron trenes especiales, por lo que
la Batalla de Flores se ha visto este año concurridísima.